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Porque tú, labrador, siembras odiando
                                               y yo tengo rencor cuando anochece,
                                               y un niño hoy va como un hombre llorando,                 20
                                                     Jesús padece.


                                                 Está sobre el madero todavía
                                               y sed tremenda el labio le estremece.
                                               ¡Odio mi pan, mi estrofa y mi alegría,
                                                     porque Jesús padece!                                          25 [38]







                                                         Ruth


                                                                                 A González Martínez.


                                                            I


                                                 Ruth moabita a espigar va a las eras,

                                               aunque no tiene ni un campo mezquino.
                                               Piensa que es Dios dueño de las praderas
                                               y que ella espiga en un predio divino.


                                                 El sol caldeo su espalda acuchilla,                               5
                                               baña terrible su dorso inclinado;
                                               arde de fiebre su leve mejilla,
                                               y la fatiga le rinde el costarlo.


                                                 Booz se ha sentado en la parva abundosa.
                                               El trigal es una onda infinita,                                        10
                                               desde la sierra hasta donde él reposa,


                                                 que la abundancia ha cegado el camino...
                                               Y en la onda de oro la Ruth moabita
                                               viene, espigando, a encontrar su destino!














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