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junto a la dulce lámpara, con dulzor de gemidos!


                                                 De la página abierta aparto la mirada
                                               ¡oh muertos! y mi ensueño va tejiéndoos semblantes:  50

                                               las pupilas febriles, los labios anhelantes
                                               que lentos se deshacen en la tierra apretada. [58]







                                                    Gotas de hiel


                                                 No cantes; siempre queda
                                               a tu lengua apegado
                                               un canto: el que debió ser entregado.


                                                 No beses: siempre queda,
                                               por maldición extraña,                                                     5
                                               el beso al que no alcanzan las entrañas.


                                                 Reza, reza que es dulce; pero sabe
                                               que no acierta a decir tu lengua avara
                                               el sólo Padre Nuestro que salvara.


                                                 Y no llames la muerte por clemente,                           10
                                               pues en las carnes de blancura inmensa,
                                               un jirón vino quedará que siente
                                               la piedra que te ahoga,

                                               el gusano voraz que te destrenza. [59]







                                                    El Dios triste


                                                 Mirando la alameda, de otoño lacerada,
                                               la alameda profunda de vejez amarilla,
                                               como cuando camino por la hierba segada
                                               busco el rostro de Dios y palpo su mejilla.








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