Page 320 - Antología2020mini_Neat
P. 320

algunas cortezas de árboles, y mientras verificaban el acto de la
                         reproducción las presentaba a las ovejas lascivas, que concebían en
                         aquel momento, y en la época de parir daban a luz corderos de
                         diversos colores, que pasaban a poder de Jacob. Esta era una manera
                         de prosperar, y fue bendecida su ganancia, pues la ganancia es una
                         bendición cuando no se roba.
                         ANTONIO.-  Eso era una especie de casualidad, señor, sobre la que
                         Jacob aventuraba sus servicios; una cosa que no estaba en sus manos
                         obtener, sino que se hallaba regulada y determinada por la mano de
                         Dios. Pero esta historia, ¿se ha estampado jamás en la Escritura
                         para justificar la usura? ¿Vuestro oro y vuestra plata son ovejas y
                         moruecos?
                         SHYLOCK.-  No os lo puedo decir; les hago reproducirse todo lo
                         posible; mas tomad buena nota de lo que digo, señor.
                         ANTONIO.-  Fijaos en esto, Bassanio: el demonio puede citar la
                         Escritura para justificar sus designios. Un alma perversa que apela
                         a testimonios sagrados es como un bellaco de risueño semblante, como
                         una hermosa manzana de corazón podrido. ¡Oh, qué bello exterior
                         puede revestir la falsedad!
                         SHYLOCK.-  Tres mil ducados es una suma bastante redonda. Tres meses
                         de doce; veamos; el interés...
                         ANTONIO.-  Bueno, Shylock, ¿quedaremos obligados a vos?
                         SHYLOCK.-  Signior Antonio, veces y veces, en el Rialto, me habéis
                         maltratado a propósito de mi dinero y de los intereses que le hago
                         producir; sin embargo, he soportado ello con paciente encogimiento
                         de hombros, porque la resignación es la virtud característica de
                         toda nuestra raza. Me habéis llamado descreído, perro malhechor, y
                         me habéis escupido sobre mi gabardina de judío, todo por el uso que
                         he hecho de lo que me pertenece. Muy bien; pero parece ser que ahora
                         tenéis necesidad de mi ayuda; venís a mí y me decís: «Shylock,
                         tendríamos necesidad de dinero». Y me lo decís vos, vos, que habéis
                         expelido vuestra saliva sobre mi barba y me habéis echado a
                         puntapiés, como echaríais de vuestro umbral a un perro vagabundo.
                         Pedís dinero. ¿Qué debo contestaros? ¿No debería responderos: «Es
                         que un perro tiene dinero? ¿Es posible que un mastín preste tres mil
                         ducados?» O bien, inclinándome servilmente, y en tono de un esclavo,
                         con el aliento retenido y una humildad de susurro, deciros así:
                         «Arrogante señor, habéis escupido sobre mí el miércoles último; me
                         habéis arrojado con el pie tal día; en otra ocasión me llamasteis
                         dogo, y por todas esas cortesías, ¿voy a prestaros tanto dinero?»
                         ANTONIO.-  Me dan ganas de llamarte otra vez lo mismo, de escupirte
                         de nuevo y de darte también de puntapiés. Si quieres prestar ese
                         dinero, préstalo, no como a tus amigos, pues ¿se ha visto alguna vez
                         que la amistad haya exigido de un amigo sacrificios de un estéril
                         pedazo de metal?, sino préstalo como a tus enemigos, de quienes
                         podrás obtener más fácilmente castigo si faltan a su palabra.
                         SHYLOCK.-  ¡Vaya, mirad, cómo os amostazáis! Quisiera hacer pacto de
                         amistad, ganar vuestro afecto, olvidar los ultrajes con que me
                         habéis mancillado, subvenir a vuestras necesidades presentes, sin
                         tomar algún interés por mi dinero, y no queréis escucharme; mi









                                                          338
   315   316   317   318   319   320   321   322   323   324   325