Page 55 - La Frontera de Cristal
P. 55

Carlos Fuentes                                                                                                                    La Frontera de Cristal



               —Pues yo sólo conozco del malo —siguió Dinorah.

               —Es  que  no  tienes con qué compararlo, no te das a ti misma el chance de almacenar tus
            buenos recuerdos del pasado.

               —Las alcancías son para los puerquitos ——dijo irritada Dinorah.

               Rosa Lupe iba a decir algo cuando se acercó la supervisora, una cuarentona muy alta con ojos
            de  canica  y  labios  como  ejote,  y  se  puso a regañar a la guapa y aguileña carmelita, estaba
            violando los reglamentos, qué se creía viniendo al trabajo vestida de milagrosa, ¿no sabía que
            había que usar la bata azul por reglamento, por seguridad, por higiene?

               —Tengo hecha una manda, super —dijo muy digna Rosa Lupe.

               —Aquí no hay más manda que mis ovarios —dijo la supervisora—. Anda, quítate ese ropón y
            ponte la bata azul.

               —Está bien. Voy al baño.

               —No señora, usted no va a interrumpir el trabajo con sus santurronerías. Usted se me cambia
            aquí mismito.

               —Es que no traigo nada debajo.

               —A ver —dijo la supervisora y agarró a Rosa Lupe de los hombros, le arrancó el hábito, se lo
            bajó violentamente hasta la cintura, dejó que brotaran los espléndidos senos de Rosa Lupe, y sin
            contenerse la mujer de ojos de canica los cerró y se fue con los labios  de  ejote  sobre  los
            levantados pezones color de rosa de la guapa carmelita, que no pudo reaccionar de la sorpresa,
            hasta que la Candelaria agarró de la permanente a la super, la insultó, la separó y Dinorah le dio
            una patada en el culo a la puerca y—Marina se acercó rápidamente a Rosa Lupe y la cubrió con
            las manos, sintiendo con emoción cómo le palpitaba el corazón a su amiga, cómo se le excitaban
            sin querer los pezones.

               Llegó otro supervisor hombre a separarlas, poner el orden, reírse de su colega, no me andes
            quitando  a  mis novias, Esmeralda, le dijo a la supervisora despeinada y enardecida como un
            jitomate frito, déjame a mí estas chuladas, tú búscate un macho.

               —No te burles de mí, Herminio, me las vas a pagar —dijo la aporreada Esmeralda retirándose
            con una mano en la frente y la otra en la barriga—. No te metas en mis terrenos.

                   —¿Me vas a reportear?

               —No, nomás te voy a chingar.

               —Ándenle muchachas —sonrió el supervisor Herminio, lampiño como un piloncillo y del mismo
            color—. Voy a adelantar la hora del recreo, vayan y tómense un refresco, y piensen bien de mí.

               —¿Vas a cobrarte el favor? —dijo Dinorah.

               —Ustedes caen solitas —sonrió libidinosamente Herminio.

               Compraron sus pepsis y se sentaron un rato frente al césped tan bonito de la fábrica —KEEP
            OFF THE GRASS— esperando a Rosa Lupe que reapareció  acompañada  por  Herminio,  muy
            satisfecho el supervisor. La obrera venía con la bata azul.

               —Parece el gato que se comió al ratón ——dijo la Candelaria cuando Herminio se retiró.
                                                           55
   50   51   52   53   54   55   56   57   58   59   60