Page 310 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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una profundidad inesperada





                 Cuando  el  juez  Fang  atravesó  la  Altavía  en  su


             cabalina, acompañado por sus asistentes, Chang y


             la  señorita  Pao,  vio  que  los  Territorios  Cedidos

             estaban  inmersos  en  una  niebla  mefítica.  Las


             cumbres esmeraldas de Atlantis/Shanghai flotaban


             sobre  la  mugre.  Un  grupo  de  aeróstatos


             reflectantes                 rodeaba                el         alto          territorio,


             protegiéndolo  de  los  intrusos  mayores  y  más


             evidentes;  desde  allí,  a  varios  kilómetros  de  dis‐


             tancia, las vainas individuales no eran visibles, pero


             podían verse en conjunto como un reflejo sutil en el


             aire,          una           vasta            burbuja,               perfectamente


             transparente, que rodeaba al sacrosanto territorio

             de los angloamericanos, deformándose a un lado y


             otro  bajo  el  viento  cambiante  pero  sin  romperse


             jamás.














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