Page 1380 - Seveneves -Neal Stephenson
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Bard  pegó  su  enorme  frente  a  la  ventanilla  y


            durante  un  buen  rato  se  quedó  pensativo


            mirando                su         tierra           natal;           Parecía              estar


            identificando las colinas y bahías que recordaba, y



            pensando en viñedos. Luego Antimer quedó atrás


            y  durante  algunas  horas  volaron  sobre  el


            monótono océano Pacífico.




                    Las  aguas  eran  tan  profundas  que  la  Lluvia


            Sólida, descontando algún superimpacto como el


            que  había  creado  Antimer,  no  había  podido


            causar  ninguna  modificación  visible,  por  lo  que


            apenas  cambió  nada  hasta  llegar  a  la  placa



            continental, a más o menos cien kilómetros al sur


            de lo que en su día fue la costa de Alaska. En las


            zonas poco profundas entre este punto y el pie de


            la cordillera costera —una franja de tierra y mar


            de  entre  uno  y  dos  kilómetros  de  ancho—  se


            apreciaban cambios visibles. Pero la costa estaba


            más o menos donde siempre. La desaparición de


            los  glaciares  y  la  interminable  serie  de  tsunamis


            que  habían  penetrado  en  aquella  ancha  bahía



            durante  milenios  habían  modificado  mucho  más


            el  terreno  que  los  impactos  directos  de  los


            bólidos. El tsunami provocado por el impacto de


            Antimer había empequeñecido incluso las propias





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