Page 13 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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no fue apreciada por Richard Peyton II, mientras paseaba
de un lado a otro entre los grandes bloques de mármol
sintético que formaba la materia prima de su arte.
Las enormes masas de roca artificial, brillantemente
coloreadas, dominaban por completo el estudio. La mayor
parte de ellas eran todavía masas cúbicas, pero otras
comenzaban a adquirir ya las formas de animales, seres
humanos o sólidos abstractos, a los que, para poder
atreverse a dar un nombre, había que ser muy docto en
geometría. Sentado con aire descuidado sobre un enorme
bloque de diamante de diez toneladas de peso —el mayor
de todos los sintetizados hasta entonces— el hijo del artista
contemplaba a su famoso padre con una expresión poco
amistosa.
—No creo que me importara mucho —dijo Richard
Peyton II con tono desdeñoso— si te conformaras con no
hacer nada, en tanto que fueras capaz de vivir así,
graciosamente. Hay muchas personas que viven de ese
modo y, en realidad, hacen al mundo más interesante. Pero
tu intención de dedicar tu vida a estudiar ingeniería es algo
que no puedo entender, que va más allá de mi capacidad
imaginativa.
Hizo una leve pausa y continuó:
—Sí, ya sé que permitimos que la tecnología fuese la
materia básica de tus estudios, pero nunca nos figuramos
que lo tomaras tan en serio. Cuando yo tenía tu edad sentí
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