Page 483 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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precisamente aquel mismo monorraíl.
Finalmente calculó que había llegado a su
punto de destino, se acuclilló, y colocó la masa
explosiva que llevaba consigo pegada a la
superficie córnea. Se alejó unos metros, hasta
que consideró que se hallaba a una distancia
segura, y dirigió hacia ella el arma que le había
arrebatado al guardián unos minutos antes. Un
fino rayo de luz coherente roja se movió sobre
la masa explosiva.
En uno de los extremos del visor del casco
que llevaba puesto, apareció una ventana que
le mostraba una ampliación de la escena que
tenía ante él teñida en tono rojos. Accionó un
interruptor del rifle de partículas, y la imagen
monocroma sufrió un violento zoom, hasta que
la masa explosiva pareció acercarse a menos
de medio metro de él.
Ozman maldijo furioso. Con armas como
aquéllas, hasta el más torpe y miope soldado
imperial podía competir en puntería con el
mejor tirador de la Utsarpini.
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