Page 914 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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aterrorizado mientras retrocedía un paso -.


           ¿Sabéis que estáis desobedeciendo al


           representante del Emperador...? No podéis...


           Por favor, no... ¡No...!


              Su vocecilla se transformó en un aullido de


           dolor. El primero de los infantes le golpeó con



           su pesada bayoneta, y la hoja atravesó la


           blanca piel del gramani, y se clavó entre sus


           costillas por el lado derecho. El infante retiró


           su arma con un tirón seco, y a través de los


           amplios labios de la herida surgió un


           amarillento jirón de grasa, seguido casi al


           instante por la roja sangre manando a



           borbotones.


              El eunuco contempló durante un momento la


           herida, con la incredulidad pintada en su


           rostro de luna; alguna fibra en su cerebro se


           negaba tercamente a reconocer que estaba a


           punto de morir. Intentó retroceder otro paso,


           mientras murmuraba algo con la boca llena de


           sangre, pero tropezó contra el caldero donde


           se cocía la comida de los nativos, y cayó hacia





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