Page 1060 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Nebogipfel, la amistad de Moses y el calor
humano de Hilary Bond; y ninguno de mis
logros o aventuras —ni la visión del tiempo,
ni el paisaje estelar infinito— perdurará en
mi corazón tanto tiempo como el momento,
en aquella primera brillante mañana
después de mi regreso aquí, cuando me
senté al lado del río y lavé el rostro de
diamante de Weena, y su pecho se elevó al
fin y tosió, y sus hermosos ojos se abrieron
por primera vez y vi que estaba viva; y al
reconocerme sus labios se separaron en una
sonrisa de alegría.
NOTA DEL EDITOR
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