Page 673 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Cada pérdida cubría con un velo mortuorio
nuestra pequeña colonia. Yo me sentía
paralizado, como si mi alma estuviese
repleta de horrores e incapaz ya de
reaccionar. Observaba a los jóvenes
soldados, vestidos con los restos
ensangrentados de ropas militares,
dedicarse a tareas deprimentes; y sabía que
aquellas muertes, en medio de la miseria
brutal y primitiva en la que ahora
intentábamos sobrevivir, les obligaba a
enfrentarse nuevamente a su propia
mortalidad.
Peor todavía, después de unas pocas
semanas un nuevo mal comenzó a asolar
nuestras huestes diezmadas. Afectaba a
algunos de los ya heridos, y;
preocupantemente, a otros que parecían no
haber sufrido daños por la explosión. Los
síntomas eran desagradables: vómitos,
hemorragias por los orificios del cuerpo y
pérdida de pelo, uñas e incluso de dientes.
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