Page 669 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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limitaciones del alma humana, o, de
cualquier forma, de mi alma. Podía
enfrentarme a los descendientes del hombre,
como los Morlocks, y podía enfrentarme con
justicia con monstruosidades prehistóricas
como el Pristichampus. Y, cuando se trataba
de un mero ejercicio intelectual —en el
confort de salón de los linneanos— podía
concebir el ir más lejos: habría podido
debatir durante horas sobre la finitud del
tiempo, o las ideas de von Helmholtz sobre
la inevitable muerte térmica del universo.
Pero, es la verdad, encontraba la realidad
mucho más desalentadora.
¡Sin embargo, la alternativa era escasamente
atractiva! Siempre he sido un hombre de
acción —¡me gusta agarrar las cosas!—, pero
allí estaba, protegido en manos de criaturas
metálicas tan avanzadas que ni siquiera
podían concebir hablar conmigo, de la
misma forma que yo ni pensaría en mantener
una conversación espiritual con un frasco de
bacilos. No había nada que yo pudiese hacer
allí, en la Tierra Blanca, porque los
Constructores Universales lo habían hecho
todo.
¡Muchas veces deseé haber ignorado la
invitación de Nebogipfel y haberme quedado
en el Paleoceno! Allí formaba parte de una
sociedad que crecía desarrollándose, y mis
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