eran tan gordos que costaba subirse a la
cama y te engullían de tal manera que
ríete de la viscoelástica. Eso sí, lo de
saltar sobre ellos no funcionaba; te
quedabas clavado.
La tabla de lavar: Sin programas ni
centrifugado, la abuela lavaba la ropa
con esta tabla de madera y el jabón