Page 179 - La Herejia De Horus 01 - Horus El Señor De La Guerra - Abnett Dan
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blancos y polvorientos o los habían reducido a sus
cimientos. Otros carecían de tejado, estaban
incendiados, tenían la estructura deteriorada o
sencillamente no eran más que fachadas que se
mantenían, con las entrañas hechas pedazos, de pie
igual que los bastidores de madera de un escenario
teatral.
Cráteres y agujeros de obuses llenaban ciertas aceras o
las superficies de carreteras cubiertas de grava, en
ocasiones formando hileras y dibujos extraños, como
si su disposición fuera deliberada u ocultara,
mediante un código secreto, grandes verdades sobre
la vida y la muerte. En el aire seco y caliente flotaba
un aroma que recordaba a quemado, a sangre o a
inmundicia, pero que no era ninguna de esas cosas.
Un aroma mezclado, un aroma secundario. No era
algo que ardiera lo que olía, eran cosas ya quemadas.
No era sangre, era sus residuos resecos. No era
inmundicia, era la consecuencia de las filtraciones
provocadas por sistemas de alcantarillado rotos y
agrietados tras el bombardeo.
En muchas calles había montones de pertenencias
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