Page 822 - Primera Guerra Formica 02 - La Tierra En Llamas - Orson Scott Card
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La Tierra en llamas                                                                  Orson Scott Card ‐ Aaron Johnston



            cortocircuitarla,  tal  vez.  El  aire  estaba  cargado  de

            humo y del hedor de los fórmicos muertos.



                   Los  hombres  lo  transportaron  a  un  vehículo


            grande y lo depositaron en el suelo. Sintió el suelo de

            metal, frío y duro. Un tercer hombre de traje negro

            entró tras ellos, cargando con Bingwen. Cuando entró,


            otro cerró la puerta de golpe y le gritó al conductor:



                   —¡Vamos, vamos, vamos!



                   Las  ruedas  giraron.  El  vehículo  salió  disparado,

            sacudiéndose  y  acelerando.  El  hombre  que  había


            traído  a  Bingwen  (Calinga,  lo  habían  llamado)

            depositó al niño en el suelo junto a Mazer, colocando


            una tela bajo su cabeza para que sirviera de almohada.

            Bingwen parecía asustado, pero cuando miró a Mazer

            a los ojos una oleada de alivio lo inundó. Estamos a


            salvo, pareció decir. Estamos vivos.



                   Delante de Mazer había unos bancos donde varios

            hombres  permanecían  sentados,  vestidos  con  trajes


            aislantes grises y negros y trabajando febrilmente con

            sus holopads.



                   —No hay ningún movimiento en la sonda —dijo


            uno de ellos—. El cielo está despejado.








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