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Cuatro visiones antológicas

Plutarco Andújar:
Canto a mi Tierra

    Así fue titulada la exposición individual celebrada el 31 de noviembre de 1983, muchos años después
que Manuel Valldeperes escribiera: «Nos dice la biografía de Juan Plutarco Andújar que nació en Montecristi el 24
de julio de 1931. Añadamos nosotros que fue esa región dominicana especialmente dotada para impulsar en el artista
el amor a la naturaleza. Tierra de luz firme y variable coloraciones que ha quedado prendida en la retina de nuestro
pintor». (M.J., El Caribe, octubre 4, 1964).

    En la introducción del catálogo, don Alejandro E. Grullón E., presidente de la entidad bancaria aus-
piciadora de la exposición, señala: «El Banco Popular Dominicano inicia hoy un programa mediante el cual se
propone patrocinar todos los años una exposición de un artista nacional en Altos de Chavón. Para inaugurar nuestro
programa presentamos una hermosa colección de cuadros del gran pintor Plutarco Andújar. Esta actividad cultural la
desarrollamos en estrecha colaboración con la Fundación que ha hecho posible esta joven y espléndida realidad que es la
ciudad de los artistas.El Banco persigue con su proyecto un doble propósito:Por un lado brindar a los artistas dominica-
nos de presentar sin apremios una exposición individual, esfuerzos que lleva a cabo Altos de Chavón en pro del arte y de
la cultura en general, obra ésta que por sus amplias proyecciones merece el apoyo entusiasta de todos los dominicanos».

    La veterana crítica e historiadora María Ugarte escribe la presentación expositiva: «Plutarco Andújar es
un artista enamorado de su tierra, atado a ella con lazos tan estrechos, tan indisolubles, que es imposible pensar en su
pintura sin identificarla de inmediato con los paisajes y las gentes del país. Todo su oficio, excelente por cierto, lo ha
puesto siempre al servicio de una pintura naturalista, realista, costumbrista incluso. Sus marinas, sus figuras populares,
sus flores y sus montañas rezuman tipicismo, exuberancia y plenitud. Vibra en ellas el trópico, pero un trópico sin estri-
dencia ni sobresaltos. Con certero y nítido dibujo, manejando con destreza los colores, logra transmitir en sus cuadros
un especial encanto, una espontánea serenidad, un halo de optimismo y alegría. No importa que su tema sea un rostro
de anciana surcado de arrugas o un niño escuálido de mirada triste. Un abrupto paisaje de montaña o mar tranquilo
con cielo despejado. En todos Plutarco habrá conseguido sin esfuerzo transmitir un mensaje de paz, de simpatía y de
dulzura. El trayecto que en su carrera recorre el artista es una línea recta, sin balbuceas ni indecisiones, sin audacias ni
aventuras. Las modas y los ismos pasan junto a él sin afectarle, sin inquietarle en lo más mínimo. Los ve llegar y los ve
irse, y él se mantiene imperturbable, seguro de sí mismo».

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