Page 674 - The Expanse 05 - Los Juegos De Nemesis - James S A Corey
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suministros y otra cuando un viejo camión de
servicio eléctrico pasó chirriando con seis o siete
personas aferradas al chasis. Dormían cuando
oscurecía demasiado para poder ver, y ocultaban las
bicicletas entre los arbustos o en callejones. Las
raciones del tipo que Amos había matado sabían
horrible, pero al menos no parecían estar
intoxicadas.
Cuatro días después, las plantas que bordeaban
la carretera empezaron a marchitarse: las hojas
verdes se habían vuelto marrones y curvado hacia el
suelo. Por otra parte, las aves parecían haberse
vuelto locas y llenaban el ambiente de trinos, gorjeos
y cantos. Seguro que era un gorrión diciendo: «Joder,
pero ¿qué coño acaba de pasar? Vamos a morir
todos», pero era un sonido precioso. Amos intentó
evitar las ciudades más grandes, pero en aquella
parte del lugar había pocas zonas sin urbanizar.
Al pasar por Harrisonburg, una manada de unos
doce perros los siguió durante unos diez kilómetros
mientras se preparaba para atacar. Dejó que Bombón
fuese delante y él se quedó vigilando, pero la
situación no llegó a complicarse lo suficiente como
para tener que gastar munición. Cuando empezaron
a acercarse a Baltimore, se les acabaron los recursos
para evitar encontrarse con personas.
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