Page 341 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Miranda fue al baño, comió un poco, y cogió un


              par de trabajos infantiles.





                 Los  chicos  de  la  Costa  Oeste  volvían  de  la


              escuela  y  se  metían  directamente  en  los  caros

              ractivos educacionales que los padres ponían a su


              disposición.  Esas  cosas  creaban  una  plétora  de


              papeles extremadamente  cortos  pero  divertidos;


              en  rápida  sucesión  el  rostro  de  Miranda  se


              transformó  en  un  pato,  un  conejo,  un  árbol


              parlante,             la       eternamente                  elusiva            Carmen


              Sandiego,  y  el  repulsivamente  empalagoso


              Doogie el Dinosaurio. Cada uno representaba un

              par de líneas como mucho:





                 —¡Eso  es!  ¡B  es  por  balón!  Me  gusta  jugar  con


             balones, ¿y a ti, Matthew?





                 —¡Vamos, Victoria! ¡Puedes hacerlo!









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