Page 440 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Tu tarea —dijo el Rey— es traerme la pluma.


                 Vamos,  eso  sí  que  era  injusto,  y  protesté


             diciendo  que  claramente  los  pájaros  querían


             favorecer  a  Pteranodon.  Ese  tipo  de  argumento


             hubiese  podido  funcionar  con  las  hormigas  o

             incluso con las musarañas; pero el Rey de las Aves


             no hizo caso. Pora ellos, la virtud consistía en ser


             como pájaros, y la justicia no reñía nada que ver.


                 Bien, permanecí de pie al lado de la corriente de


             lava hasta que mi piel humeaba, pero no podía


             ver  cómo  alcanzar  la  pluma.  Finalmente  decidí


             rendirme. Me alejaba, cortándome las patas sobre


             las rocas puntiagudas, cuando me llegó una idea:

             la roca sobre la que había estado de pie no era más


             que lava que se había enfriado y solidificado.


                 Eso era en lo más alto de las montañas, donde los


             glaciares y los campos nevados se alzaban ante mí


             como paredes palaciegas. Subí por una pendiente


             muy inclinada y comencé a golpear la nieve con


             la  cola  hasta  que  provoqué  una  avalancha.


             Millones  de  toneladas  de  hielo  y  nieve  cayeron


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