Page 600 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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genios  creativos  que  abusaban  de  ciertas  sus‐


              tancias. Miranda salió tambaleándose de su caja, se


              sirvió  un  refresco,  y  se  sentó  en  una  silla  de


              plástico. Juntó las manos como si fuesen un libro y


              hundió  la  cara  en  ellas.  Después  de  respirar

              profundamente  un  par  de  veces  le  saltaron  las


              lágrimas, aunque vinieron en silencio, un relajante


              llanto temporal, no la catarsis que había esperado.


              Todavía  no  se  había  ganado  la  catarsis,  lo  sabía,


              porque  lo  que  había  sucedido  era  sólo  el  primer


              acto. Sólo el incidente inicial, o como lo llamasen en


              los libros.




                 —¿Una sesión dura? —dijo una voz. Miranda la


             reconoció,  pero  apenas:  era  Cari  Hollywood,  el


             dramaturgo, su jefe de hecho. Pero esa noche no


             sonaba como un brusco hijo de puta, lo que era un


             cambio.





                 Cari  rondaba  los  cuarenta,  medía  casi  dos


             metros, era de robusta constitución y muy dado a


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