Page 798 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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cabalgado al brezal para vigilar a su hija y a sus


               dos  pequeñas  amigas.  Viendo  que  su


               supervisión  ya  no  era  necesaria,  lord  Finkle‐


               McGraw y la señora Hackworth se apartaron de


               la  ventana  y  se  acercaron  instintivamente  al


               fuego que ardía en la chimenea de piedra del


               tamaño de un garaje.




                 La  señora  Hackworth  se  sentó  en  una


             pequeña mecedora, y el Lord Accionista eligió


             un  viejo  e  incongruentemente  gastado  sillón.


             Un  mayordomo  les  sirvió  más  té.  La  señora


             Hackworth se puso el plato y la taza en el regazo,


             resguardándolo con las manos, y se compuso.





                 —He  sentido  deseos  de  hacer  ciertas

             preguntas relativas al paradero y actividades de


             mi marido, que han sido un misterio para mí casi


             desde el momento de su partida —dijo—, y aun


             así  se  me  ha  hecho  creer,  por  comentarios


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