Page 8 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 8

por sí mismo una sociedad nueva, distinta y de la que


           no siempre el lector tiene todas las referencias. Una


           labor  no  demasiado  fácil  pero,  eso  sí,  siempre


           gratificante.


               Un  error  muy  habitual  para  evitar  las


           incomodidades que pueda sentir ese «lector hembra»


           es  acompañar  la  narración  con  exposiciones


           didácticas y casi profesorales que sitúen al lector en el

           mundo  imaginado  por  el  autor.  Pero  eso  es  un


           artificio  de  baja  calidad  que,  en  el  fondo,  priva  al


           lector  de  la  actividad  creativa  de  su  propia


           imaginación.  Tal  y  como  decía  (y  practicaba


           maravillosamente  bien)  Heinlein,  sólo  mencionar,


           como  de  pasada,  que  «la  puerta  se  dilató»,  ha  de


           bastar a un lector avisado para reconocer que se trata


           de un mundo distinto al habitual donde las puertas

           se abren o cierran pero, al menos hasta ahora, nunca


           se dilatan. Ésa, la solución de Heinlein, será siempre


           preferible  a  una  torpe  exposición  didáctica  tan


           habitual  en  autores  de  escasos  vuelos  que  suelen


           recurrir  a  aquello  tan  manido  de:  «En  el  mundo

                                                                                                           8
   3   4   5   6   7   8   9   10   11   12   13