Page 254 - Southern Reach 01 - Aniquilacion - Jeff Vandermeer
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con las manos en las rodillas flexionadas fue una rara
especie de estrella de mar colosal, de seis brazos, mayor
que una sartén y que exudaba un color dorado oscuro
dentro del agua quieta, como si estuviera ardiendo. Los
que nos dedicamos a esto preferimos a su nombre
científico el de «destructor de mundos», más pertinente.
La cubrían gruesas espinas y, a lo largo de los bordes,
pude ver, con contornos verde esmeralda, los más
delicados cilios transparentes, miles de ellos, que la
propulsaban por el camino designado para alcanzar a su
presa: otra estrella de mar, más pequeña. Yo nunca había
visto un destructor de mundos, ni en acuarios, y fue tan
inesperado que me olvidé de la roca resbaladiza, perdí el
equilibrio y no me caí por muy poco, gracias a que me
apoyé con un brazo en el borde de la poza.
Pero, cuanto más la observaba, menos comprensible
me resultaba la criatura, más ajena se me hacía y mayor
mi sensación de no saber nada de nada, ni de naturaleza,
ni de ecosistemas. Algo en mi humor y en su resplandor
oscuro me ofuscaba la razón y me hacía ver a esa criatura,
que de hecho ocupaba un lugar en la taxonomía
—catalogada, estudiada y descrita—, como algo
irreductible a nada de todo ello. Y supe que, si seguía
mirando, tendría que acabar admitiendo que nada sabía
tampoco de mí misma, fuese cierto o no.
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