Page 1038 - Seveneves -Neal Stephenson
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No  tenían  claro  qué  hacer  con  Julia  y  Aïda.


            Durante  años,  cuando  no  tenía  nada  que  hacer,


            habían soñado con llevar a J. B. F. ante la justicia,


            fuera  cual  fuese.  Luego,  en  el  último  momento,



            Aïda la había eclipsado. Y ya nada de eso parecía


            tener sentido. ¿Seis mujeres podían tener a dos en


            la  cárcel?  ¿Qué  implicaría  la  cárcel  en  un  lugar


            así? El castigo físico era al menos una posibilidad.


            Pero  Aïda  ya  lo  había  probado,  con  resultados


            que a todas les resultaban horribles.




                    J.  B.  F.  no  era  un  peligro  para  nadie.  Aïda


            todavía  aparecía  como  una  amenaza,  pero  a



            menos que la encerrasen en un arquete, no podían


            hacer mucho más que vigilarla. Y eso hicieron: no


            perderla  nunca  de  vista,  no  permitir  tenerla


            detrás nunca.




                    Se reunieron en la Banana, sentadas alrededor


            de la larga mesa de reuniones. A un lado estaba la


            muerte:  la  enfermería  donde  Zeke,  el  último


            hombre  vivo,  había  fallecido  un  día  y  medio


            antes,  bromeando  en  el  último  momento  sobre


            que era una pena ser el último hombre vivo con


            ocho  mujeres  entre  las  que  escoger.  Habían



            limpiado muy bien la enfermería y habían puesto


            sábanas  limpias  con  la  esperanza  de  que  pasase



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