Page 1372 - Seveneves -Neal Stephenson
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Los  cambios  epigenéticos  resultantes  los  habían


            dejado  más  que  bien  cualificados  para  hacer  su


            trabajo  durante  todo  el  día  y  para  vivir  allí


            indefinidamente.  Desde  luego  estaban  en  el



            quinto  pino  —todavía  más  aislados  que  ciertos


            hábitats  osarios  famosos  por  ser  remotos—  y


            todos  los  moiranos  que  había  allí  tenían  una


            mirada perdida que sus ojos predominantemente


            verdes no hacían más que intensificar. Se movían


            lentamente,  parecían  pensar  lentamente  y  no


            dejaban  de  reaccionar  a  estímulos  —¿auditivos?,



            ¿olfativos?,  ¿imaginarios?—  que  Kath  Two  no


            podía detectar.




                    La  existencia  de  siete  razas  humanas


            diferentes, así como varias subrazas aïdanas, en la


            sociedad  moderna  era  una  fuente  inacabable  de


            situaciones embarazosas. Las pocas horas pasadas


            en  la  playa  de  Mokupuku,  observando  a  los


            habitantes  locales  descargar  muestras  del


            vehículo y limpiar la mierda usando agua de mar


            presurizada,  fueron  bastante  largas  para  Kath



            Two  al  darse  cuenta  de  que  los  otros  miembros


            del  Siete  no  dejaban  de  alternar  la  mirada  entre


            los operarios y ella, preguntándose cuánto tiempo


            le  llevaría  a  Kath  Two,  de  ampliar  su  estancia,





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