Page 177 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Hizo usted mal en ceder tan rotundamente —


            dijo cuando me callé—. En Londres un mes es muy



            poco  tiempo  para  abrirse  camino.  Londres,


            permítame decirle, señorita Lally, no es una ciudad


            abierta ni indefensa; es una plaza fuerte, rodeada


            de  un  doble  foso  con  extrañas  intrincaciones.


            Como  siempre  suele  ocurrir  en  las  grandes


            ciudades,  las  condiciones  de  vida  se  han  vuelto


            extremadamente artificiales; el hombre o la mujer



            que  pretendan  tomar  por  asalto  la  plaza  no  se


            enfrentarán  a  una  simple  empalizada,  sino  a


            apretadas filas de sutiles artefactos, minas y otros


            escollos  que  reclaman  una  rara  habilidad  para


            poder  superarlos.  Usted,  en  su  inocencia,  se


            imaginó que sólo tendría que gritar para que esas


            murallas se desvanecieran en la nada, pero ya ha


            pasado  la  época  de  tan  asombrosas  victorias.


            Tenga valor; aprenderá bien pronto el secreto del



            éxito.


            —¡Ay de mí, señor! —contesté—. No dudo de que


                        sus conclusiones sean correctas, pero en este


                                momento creo estar a punto de morir de


              inanición. Habla usted de un secreto; por el amor


             de Dios, dígamelo si siente alguna compasión por


                                                                                      mi aflicción.



              El hombre rió afablemente.





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