Page 179 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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la helada ráfaga que sopló sobre mí desde las
mismas puertas de la muerte me hiciera
considerarle como un segundo padre. Antes de
concluir la semana estaba instalada en mis nuevos
deberes. El profesor había arrendado un viejo
caserón de ladrillo en un suburbio al oeste de
Londres, y allí, rodeada de agradables prados y
huertos, y sosegada por el murmullo de los
antiguos olmos que sacudían sus ramas sobre el
tejado, empezó un nuevo capítulo de mi vida.
Conociendo la naturaleza de las ocupaciones del
profesor, no le sorprenderá oír que la casa estaba
atestada de libros, y de vitrinas repletas de
extraños, e incluso horrendos, objetos, ocupando
hasta el último rincón de los vastos aposentos de la
planta baja. Gregg era un hombre únicamente
interesado en el saber, y en poco tiempo también
yo me contagié de su entusiasmo, y me esforcé por
participar en su pasión por la investigación. En
pocos meses era más su secretaria que la institutriz
de sus dos hijos, y muchas noches me sentaba ante
el escritorio al resplandor de la velada lámpara,
mientras él, paseándose de un lado para otro en la
penumbra de la chimenea, me dictaba el contenido
de su Tratado de Etnología. Pero entre esos estudios
tan serios y exactos siempre detecté algo oculto, un
anhelo y un deseo acerca de algún objeto al que no
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