Page 544 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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redondeadas y pulidas por el transcurso de varios


            millares de años. En un extremo de este lugar tan



            antiguo existe un túmulo, una torre de observación


            quizás, y debajo el verde y engañoso foso parece


            finalizar  en  el  centro  del  campo,  cuando  en


            realidad se precipita hacia las escarpadas rocas y el


            precipicio sobre las aguas.


              A este lugar venía Morgan a diario, según dijo, a


            soñar  con  Avalon,  a  purificarse  de  la  fuliginosa



            corrupción de las calles.


              Y  así,  según  me  contó,  una  tarde,  mientras


            dormitaba y soñaba, abriendo los ojos de vez en


            cuando  para  admirar  el  milagro  y  la  magia  del


            mar,  mientras  escuchaba  los  innumerables


            murmullos  de  las  olas,  su  meditación  fue


            interrumpida  pavorosamente  por  un  repentino


            estallido  de  horribles  y  estridentes  gritos,



            acompañados de gritos infantiles, pero de niños de


            la peor especie. Morgan dice que se echó a temblar


            con sólo oírlos.


              —Eran para el oído lo que el légamo para el tacto.


              Luego identificó las palabras: todas las groserías


            y       obscenidades                    posibles              del         vocabulario;


            blasfemias  que  ponían  el  grito  en  el  cielo,  para



            luego  sumergirse  en  las  puras  y  radiantes


            profundidades,  desafiándolas.  Morgan  estaba


            asombrado. Miró con atención la verde muralla de

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