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El Mundo de Roche Robert L. Forward
de sus miembros permite a estos móviles
impulsarse por el aire. La velocidad de
movimiento de los cilios más pequeños es tan
grande que pueden generar sonidos y así hablar
directamente con los humanos.
Cada astronauta de la tripulación tiene
asignado un pequeño sub‐arbusto, o ʺdiablilloʺ,
que permanece en todo momento con él para
actuar como enlace de comunicaciones con el
ordenador central. La mayoría de los tripulantes
lo llevan sobre el hombro, aunque algunas de las
mujeres prefieren tenerlo en el pelo. Además de
hacer las veces de enlace de comunicaciones con
el ordenador central, los diablillos vigilan las
condiciones físicas de los tripulantes y actúan
como sus sirvientes personales. Representan la
solución ideal para el perenne problema de los
trajes espaciales: el picor en la nariz.
Los diablillos van en el interior de los trajes con
los humanos y más de una vida se ha salvado
gracias a que el pequeño pasajero ha detectado
una avería o sellado una fuga. De hecho, hay dos
móviles con cada humano que se embute en su
traje: el diablillo personal que permanece con ellos
y el móvil del traje, que se queda con éste.
Normalmente, este último se encuentra en el
exterior, en la mochila con los sistemas de soporte
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