Page 180 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Para sorpresa de Everard, el hombre obedeció.
Astiages era tan valiente como su gente. Pero cuando el
rey —una persona rechoncha de mediana edad y rostro
duro— vio dos seres de toga luminosa con halos en la
cabeza y alas de luz a la espalda, sentados sobre un trono
de hierro que flotaba en el aire, se postró.
Everard oyó a Denison rugir en el mejor estilo de
predicador, usando un dialecto que apenas podía
entender:
—¡Oh, infame vasija de iniquidad, la ira del cielo ha
caído sobre ti! ¿Creías que tu menor pensamiento, aunque
oculto en las tinieblas de donde nació, podía quedar
oculto al Ojo del Día? ¿Creías que el todopoderoso
Ahura‐Mazda permitiría un acto tan terrible como el que
tramas…?
Everard no escuchó. Se perdió en sus propios
pensamientos: Harpagus se encontraba probablemente
en algún punto de esa misma ciudad, lleno de juventud y
todavía sin la carga de la culpa. Ahora ya no tendría que
soportarla. Nunca tendería a un bebé sobre una montaña
y se apoyaría en su lanza mientras lloraba, se estremecía
y finalmente se quedaba quieto. En el futuro se rebelaría,
por sus propias razones, y se convertiría en el quiliarca de
Ciro, pero no moriría en los brazos de su enemigo en un
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