Page 690 - El largo viaje a un pequeño planeta iracundo - Becky Chambers
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Rosemary miró hacia la Peregrina. A través de las
ventanas podía ver los pasillos y las habitaciones que
le eran tan conocidas, pero era tan diferente desde
fuera, como ver un vídeo o contemplar una casa de
muñecas. La nave parecía tan pequeña, tan frágil.
—Rosemary.
Giró la cabeza.
Sissix alzó las manos entrelazadas y sonrió.
—Suéltate.
Soltó los dedos curvos de Sissix. Flotaron a la deriva
sin dejar de mirarse a los ojos. Luego, Rosemary dio
la espalda a la nave y a su compañera, y encaró el
vacío. Ante ella había una nebulosa, una explosión de
polvo y luz, el ardiente cadáver de un vetusto gigante.
Entre las capas gaseosas dormitaban cúmulos de
estrellas nonatas que brillaban tenuemente. Hizo
inventario de su cuerpo. Sintió su respiración, su
sangre, todo lo que la mantenía de una pieza. Cada
parte, hasta el último átomo, había sido creada aquí
fuera, arrojada a través del vacío en un instante de
violencia, hasta que todas formaron un torbellino y
empezaron a dar vueltas y vueltas, removiéndose y
fusionándose, ganando peso, atrayéndose unas a
otras. Pero ya no. Las partes flotaban libres ahora.
Habían vuelto a casa.
Estaba justo donde debía estar.
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