Page 846 - Limbo - Bernard Wolfe
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Era infecciosa. Observando al hombre agitarse,
Martine se sintió presa de una oleada de inmensa
felicidad. Empezó a reír también,
entrecortadamente al principio, luego
abandonándose a ella y doblándose por el
delicioso dolor, sujetándose los costados, las
lágrimas resbalando por sus mejillas.
Siguió durante largo rato: el empleado del
motel se asomó a la puerta de la oficina, asomó su
tenso y asustado rostro y se quedó mirando a los
dos hombres. Finalmente, Thurman recuperó el
control de sí mismo, se secó los ojos con el brazo.
Martine le imitó, secándose el rostro con su
pañuelo.
—Si pudiera quedarme aquí —dijo Martine—
podríamos ser amigos. Tenemos mucho en
común. Lo noto.
—¿Va a marcharse?
—Si puedo arreglarlo... debo regresar a África.
Allí es donde está mi hogar. Tengo una esposa y
un hijo allí... sin ellos no estoy vivo. Aunque a
menudo, cuando estaba con ellos... Tengo que
regresar.
—Lo siento. Hubiéramos podido trabajar
juntos.
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