Page 882 - Limbo - Bernard Wolfe
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volvió apresuradamente abajo y fue a su coche en
busca del equipaje. Regresó en un par de minutos.
—¿Dónde están esas pros de repuesto? —
preguntó.
—En el almacén, inmediatamente debajo. Baja
cinco travesaños de la escalerilla, verás la puerta.
Martine encontró la puerta, la abrió de par en
par, dentro había una veintena de brazos y
piernas de diversos tamaños, cuidadosamente
alineados. Tomó dos de los brazos más largos y
dos de las piernas más largas —haciendo una
mueca cuando los tocó: la blandura de caucho en
el exterior, el asomo del acero a muy poca
profundidad—, y se los llevó a Theo. Forcejeó con
el primer brazo hasta que encajó en el alvéolo del
muñón derecho de Theo; luego utilizando su
mano, Theo encajó expertamente sus tres
miembros restantes. Su rostro estaba crispado por
el dolor; perlas de sudor recorrían su frente.
—¿Te encuentras bien, —Me duele todo,
incluso la placa de mi cráneo parece arder.
Cuando las unidades de refrigeración de una pro
se estropean, confunden de tal modo el sistema
nervioso. Estaré bien dentro de poco. El shock
desaparece generalmente en unos pocos días.
—Toma esto —dijo Martine—. Eliminará el
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