Page 886 - Limbo - Bernard Wolfe
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Pudieron oírlo por el altavoz: un increíble
crujir procedente de algún lugar en el profundo
corazón de las cosas, una distensión en las
cuerdas vocales cósmicas, la propia tierra
bostezando. Más fuerte; más fuerte aún,
ascendiendo hasta un rugir... y luego nada.
Silencio. La radio quedó muerta. Y...
Fue como si una mano gigantesca aferrara de
pronto su avión desde abajo y lo lanzara contra la
troposfera... recorrieron a toda velocidad una
distancia de varios cientos de metros, girando
alocadamente sobre sí mismos. Luego cayeron. El
avión prosiguió su marcha anterior, pero ahora
con saltos y oscilaciones: la sedosa atmósfera se
vio de pronto martilleada hasta convertirse en
una lámina abollada, doblada en invisibles
montículos y valles por los que subían y bajaban
ebriamente.
—¡Ha sido Los Alamos! —gritó Theo,
señalando hacia abajo—. ¡Algo... mira!
Los Alamos se extendía inmediatamente
debajo de ellos. Parecía estarse agitando
locamente, retorciéndose en toda su extensión; un
convulsivo bullir recorría toda la ciudad de
juguete, los bloques de edificios se derrumbaban.
Entonces... toda la ciudad desapareció.
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