Page 228 - Materia oscura - Blake Crouch
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ido y ha dejado el cielo despejado a su paso; los
árboles han cambiado y surge una luz sorprendente a
medida que atardece —polarizada y dorada— que
sólo puedo describir como una pérdida.
El dorado de Robert Frost que no puede permanecer.
En la cocina repiquetean las ollas, se abren y cierran
armarios, y el aroma a carne guisada escapa por el
pasillo hacia la habitación con un olor que me resulta
familiar.
Salgo de la cama, poniéndome de pie por primera
vez en todo el día, y me dirijo a la cocina.
Suena Bach y Daniela está junto a la isla, ha abierto
el vino tinto y está cortando una cebolla sobre la
encimera de esteatita, con un delantal y unas gafas de
natación.
—Huele de maravilla —declaro.
—¿Te importaría darle vueltas?
Me acerco al fogón y levanto la tapa de la profunda
olla.
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