Page 373 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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entera bullía de olores raros: a creosota, a


           jabón, a almendras amargas, a gasolina rancia,


           a acroleína, y otros más extraños que


           desafiaban a la pituitaria del más experto


           sabueso.


                   Jonás se preguntaba cómo les parecería a



           ellos el olor a ácido butírico que desprenden


           los mamíferos. Si tenían olfato, pues este


           sentido, en el vacío, les era más bien inútil.


           Finalmente alcanzaron el núcleo del asteroide,


           una serie de cámaras blindadas con


           varias capas de material protector: allí se


           guarecían los colmeneros en caso de tormenta



           solar, y allí criaban a sus hijos.


              Los retoños eran muy sensibles al vacío y a


           las radiaciones, puesto que carecían de


           cutícula protectora. A medida que crecían,


           ésta se desarrollaba, pero aún eran


           vulnerables, especialmente durante las mudas.


           Sólo los adultos podían soportar exposiciones


           al espacio casi indefinidas.


           Eh el núcleo también se encontraba la





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