Page 378 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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utensilios que los humanos habían añadido a la
estancia, le daba a ésta un aspecto
tétricamente surrealista.
Uno de los cuatro hombres levantó la vista, y
sonrió al ver a Lilith. Era más alto que los
demás y enfermizamente delgado. Tenía el
aspecto de olvidarse habitualmente de comer
durante varios días. Su rostro, surcado por
una cantidad increíble de arrugas, estaba
enmarcado por una aureola de revueltos
cabellos blancos, que se movían como
tentáculos bajo la ingravidez. Evidentemente,
aquel hombre no hacía uso de las técnicas de
cirugía estética imperiales. Jonás tampoco
pudo apreciarle ningún tipo de maquillaje
corporal.
- ¡Lilith, cariño! ¡Cuánto tiempo! Había
empezado a considerar la posibilidad de que os
hubierais largado sin mi.
- ¿Has hecho los ejercicios? - preguntó la
biólogo con su habitual frialdad.
- ¿Qué? Ah, no; aún no.
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