Page 472 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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no se iba a dejar convencer. A pesar del
uniforme de la Marina que llevaba puesto, el
otro hombre lo observaba como un guerrero
que mide a su oponente. Su proyector de
partículas estaba listo para entrar en acción.
- Usted es un militar como yo - dijo el
guardián -. Por favor, comprenda que he
recibido unas órdenes y que debo cumplirlas.
- Muy bien, llame... - Ozman señaló el
interfono -. Compruebe que he recibido
permiso del mismísimo Jal Shing. Vamos, ¿a
qué espera?
El guardián pareció dudar un momento.
Finalmente se dirigió al aparato de
comunicación sin dejar de encañonarle.
Empezó a marcar el número de las
habitaciones privadas del eunuco. Ozman
cambió el traje de vacío de brazo, con un
movimiento natural.
Un dardo de acero se clavó en el pecho del
guardián. Este observó la pequeña flecha con
mudo asombro. ¡Se suponía que los hombres de
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