Page 490 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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- Ordene a sus hombres que depongan las
armas - dijo fríamente Gwalior.
- ¡Ya lo han oído! ¡Obedezcan! ¿Qué pasa..., se
han vuelto todos locos?
El guardia permanecía inmóvil como una
estatua, con el cañón apoyado en la sien de
Konarak.
El otro guardia seguía invisible a sus
espaldas. Gwalior notó un cosquilleo en su nuca,
pero no se giró para ver lo que el soldado del
Imperio estaba haciendo.
Durante unos segundos fue como si la escena
se hubiera congelado. Los seis hombres
permanecieron allí, sudorosos, en una guerra
de nervios, donde cada grupo intentaba
averiguar hasta dónde estaría dispuesto a
llegar el adversario, y cuánto era un farol.
Sin embargo, el reloj corría en contra de los
hombres de la Utsarpini. Gwalior observó con
preocupación las cámaras, preguntándose
cuánto tardarían en llegar los refuerzos de los
imperiales.
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