Page 647 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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paso le romperá unas cuantas costillas.
Jonás observó con escepticismo el cartucho, y
se lo devolvió al mercenario.
No volvieron a cruzar ninguna palabra antes
de que, tras las acostumbradas cuarenta y
ocho horas de descenso, las compuertas del
ascensor se abrieran a la superficie del
planeta. Jonás y Chait Rai las atravesaron, y
se detuvieron a contemplar el dramático
paisaje.
Se hallaban en un vasto anfiteatro bordeado
de muros ciclópeos. En torno a ellos sólo había
rocas y titánicos árboles. Un largo y asmático
silbido, provocado por el viento al deslizarse
entre las rocas del desfiladero, les llegó desde
lo lejos.
Del cielo llegaba una luz intensamente
amarilla, que les obligó a colocarse unas
lentillas coloreadas con un filtro. Todo el
paisaje estaba bañado por esta luz, lo que le
daba un aspecto enfermizo.
Jonás avanzó unos pasos inseguros. ¡Aquella
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