Page 824 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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edificios viejos. Así estamos protegidos en
caso de asedio. Ningún peligro nos amenaza.
Excepto que os caiga el cielo sobre la cabeza,
pensó Jonás.
El reptador cubrió el último tramo que les
separaba de la residencia de Dios, y se
aproximó a la boca abierta del cilindro.
Allí les esperaba un nutrido grupo de
sacerdotes ataviados con largas túnicas
blancas. Aparentemente, la explanada que se
extendía ante el cilindro era el mayor centro
de culto del planeta. Había pequeños edificios
ordenados en hileras, con calles regularmente
espaciadas, suntuosamente decorados y de
paredes cubiertas de pinturas. Templos y
santuarios. Ninguno era demasiado grande.
Indudablemente, la inmensidad de la Ciudad de
Dios apabullaba a su clero.
Tras los templos había un muro con una sola
puerta. El interior de la nave debía ser tabú.
El reptador se detuvo a una indicación de su
guía. Bajaron.
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