Page 315 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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resquebrajado y con una galletita a un lado.


                  No pude evitar reírme.


                  —Filby,  el  destino  nunca  deja  de


                  sorprenderme. Aquí nos tienes, a punto de


                  viajar  en  el  tiempo  en  este  amenazador


                  fuerte móvil, ¡y nos sirves té y pastas!


                  —Bien, este asunto ya es lo suficientemente



                  complicado sin los placeres de la vida. ¡Ya


                  debes de saberlo!


                  Bebí  el  té;  estaba  tibio  y  un  poco  amargo.


                  Reconfortado,                                   me                        volví,


                  incongruentemente,  algo  malicioso.  Creo


                  que eso era una muestra  de la fragilidad de


                  mi  estado  mental,  y  que  estaba  poco



                  dispuesto  a  enfrentarme  al  futuro  o  a  la


                  perspectiva de un 1938 en guerra.


                  —Filby —le dije para molestarle—, ¿no ves


                  nada... ah... raro en mis acompañantes?


                  —¿Raro?


                  Le  presenté  a  Moses,  y  el  pobre  Filby


                  comenzó  una  sesión  de  observación  que


                  hizo que el té le corriese por la barbilla.


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