Page 334 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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oscuro  y  viejo  que  escupía  humo


                  tristemente por la caldera llena de hollín, y


                  había un solo vagón. No había luces en la


                  locomotora,  ni  ninguna  marca  de  la


                  compañía de trenes.


                  El  soldado  Oldfield  abrió  la  puerta  del


                  vagón; era pesada y tenía un cierre de goma



                  alrededor  del  borde.  Los  ojos  de  Oldfield,


                  visibles tras las gafas, miraban de un lado a


                  otro.  ¡Richmond,  en  una  soleada  tarde  de


                  1938, no era un lugar seguro!


                  El vagón era austero: tenía filas de bancos de


                  madera               —eso             era         todo—,               ningún


                  recubrimiento ni adorno. Estaba pintado de



                  un tono marrón aburrido, sin personalidad.


                  Las  ventanillas  estaban  selladas,  y  tenían


                  persianas para cubrirlas.


                  Nos  acomodamos  derechos  unos  frente  a


                  otros. El calor en el interior del vagón era


                  sofocante.










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