Page 329 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Dejamos el Raglan atrás y corrimos por la


                  carretera  hasta  el  centro  de  la  ciudad:


                  Moses,  Nebogipfel  y  yo,  con  Filby  y  dos


                  soldados.  Nuestros  compañeros  de  1938


                  caminaban agachados, mirando nerviosa y


                  continuamente  al  cielo.  Volví  a  notar  que


                  Bond  caminaba  cojeando  de  la  pierna



                  izquierda.


                  Miré con anhelo el Juggernaut, porque en su


                  interior estaba la Máquina del Tiempo, mi


                  única ruta de vuelta a casa, lejos de aquella


                  pesadilla de múltiples historias, pero sabía


                  que  no  tenía  posibilidades  de  alcanzar  la


                  máquina;  todo  lo  que  podía  hacer  era



                  esperar los acontecimientos.


                  Caminamos  por  Hill  Street  y  giramos  en


                  George Street. No había ni rastro del bullicio


                  y la elegancia característicos de esa calle en


                  mi  época.  Los  grandes  almacenes,  como


                  Goslingʹs y Wrightʹs, estaban cerrados con


                  tablas, e incluso las maderas que cubrían sus


                  ventanas se habían desteñido por los años


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