Page 548 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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acostumbré a lavarme las quemaduras y a
llevar el sombrero y lo que quedaba de la
camisa durante todo el día.
Un día, después de un mes de aquello,
mientras me afeitaba (empleaba trozos del
coche del tiempo como cuchilla. y espejo),
comprendí, de pronto, lo mucho que había
cambiado. Mis dientes y ojos brillaban
blancos en una cara marrón, mi estómago
estaba tan plano como en mis días de
universidad y caminaba con un sombrero
de palmas, pantalones cortos y descalzo,
con total naturalidad.
Me volví hacia Nebogipfel.
—¡Mírame! Mis amigos apenas me
reconocerían. Me estoy convirtiendo en un
aborigen.
Su cara sin barbilla no demostró ninguna
expresión.
—Tú eres un aborigen. Esto es Inglaterra,
¿recuerdas?
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