Page 556 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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con  la  compañía  de  un  extraño  del  futuro


                  lejano!


                  Nebogipfel me hizo algo de sopa. Cuando


                  terminé de comer, el sol ya no estaba, y la


                  única  luz  provenía  de  una  rodaja  de  luna


                  que colgaba del cielo. Nebogipfel se había


                  quitado las gafas, y podía ver sus enormes



                  ojos rojo grisáceo flotando por la oscuridad


                  del refugio como la sombra traslúcida de la


                  luna.


                  —¿Lo que quiero saber es —dije— qué me


                  hizo enfermar?


                  —No estoy seguro.


                  —¿No estás seguro?



                  Me sorprendió aquella inusual admisión de


                  limitaciones,  ya  que  la  amplitud  y


                  profundidad                     de           conocimientos                      de


                  Nebogipfel                   era           extraordinaria.                      Yo


                  imaginaba la mente de un hombre del siglo


                  diecinueve  como  algo  análogo  a  un  viejo


                  taller:  lleno  de  información,  pero  al‐


                  macenada de forma fragmentaria, en libros


                                                                                                   556
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