Page 736 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Se ajustó la máscara y miró la Tierra
destruida.
—Quizá no. Pero el control de recursos
finitos, incluso de la Tierra, parece que es
una competencia que los nuevos humanos
no poseen.
Vi que tenía razón. A medida que la luz de
las naves interestelares caía sobre el mar, los
restos de Primer Londres se deterioraban to‐
davía más —las ruinas parecían burbujear,
como si se licuasen— y el mar se hizo más
gris y el aire más irrespirable. El calor era ya
intenso, y separé la camisa del pecho, donde
se me había pegado.
Nebogipfel se movió en el banco, mirando a
su alrededor incómodo.
—Creo... si pasa, será rápido...
—¿El qué?
No contestó. El calor era mucho más severo
que el que recordaba de la jungla del
Paleoceno. Las ruinas de la ciudad,
desperdigadas sobre las colinas de basura
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