Page 930 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 930

El  aire  de  la  Tierra  se  aclaró.  Por  todo  el


                  planeta,  con  prontitud  sorprendente,  las


                  luces  de  las  ciudades  se  apagaron  y


                  murieron y pronto la mano del hombre no


                  dejó marca sobre la Tierra.


                  Hubo  ráfagas  de  vulcanismo,  grandes


                  chorros que arrojaban nubes de cenizas que



                  cubrían el mundo —o, mejor, al retroceder


                  en  el  tiempo  las  nubes  penetraban  en  las


                  perforaciones volcánicas— y me parecía que


                  los continentes se desplazaban lejos de las


                  posiciones  que  ocupaban  en  los  mapas


                  escolares.  En  las  grandes  praderas  del


                  hemisferio norte parecía haber una lucha —



                  lenta,  milenaria—  entre  dos  tipos  de


                  vegetación:  por  un  lado,  el  pasto  verde


                  marrón  y  los  bosques  de  hoja  caduca  que


                  bordeaban los continentes en el límite de la


                  capa de hielo; y por el otro lado, el verde


                  virulento de la jungla tropical. Durante un


                  momento  ganó  la  jungla  y  con  un  gesto


                  barrió hacia el norte desde el ecuador, hasta


                                                                                                   930
   925   926   927   928   929   930   931   932   933   934   935