Page 934 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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era rocosa y estéril, y la atmósfera se hizo


                  más densa, manchada de amarillo y marrón


                  por  los  gases  venenosos.  Grandes  fuegos


                  surgieron sobre la Tierra, simultáneamente.


                  Nubes densas enmascaraban el globo y los


                  mares retrocedían como charcos secos. Pero


                  las  nubes  no  persistieron  durante  mucho



                  tiempo. La atmósfera se hizo más delgada,


                  luego             bastante               escasa,             hasta            que


                  desapareció  por  completo.  La  corteza


                  expuesta brilló con un rojo uniforme, menos


                  las grandes heridas naranjas que se abrían y


                  cerraban  como  bocas.  No  había  mares,  ni


                  diferencia  entre  el  océano  y  la  tierra:  sólo



                  una corteza interminable y castigada sobre


                  la  que  flotaban  las  Naves  del  Tiempo,


                  observadoras y gráciles.


                  Luego  el  brillo  de  la  corteza  creció  en


                  intensidad  —hasta  ser  un  resplandor


                  intolerable—  y,  con  una  explosión  de


                  fragmentos  ardientes,  ¡la  joven  Tierra  se


                  sacudió en su eje, tembló y voló en pedazos!


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