Page 799 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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descendiente de Londres, porque creí
descubrir la morfología característica del
Támesis representada por una banda de
vidrio que serpenteaba por el corazón del
diorama. Pero era un Londres muy
transformado de la ciudad de mi época.
Estaba dominado por siete u ocho enormes
palacios de cristal —si piensan en el Palacio
de Cristal enormemente expandido y
retorcido varias veces, tendrán algo pare‐
cido— y aquellos palacios habían estado
unidos por una especie de piel de cristal que
cubría toda la ciudad. No tenía el aspecto
sombrío de la Bóveda de Londres en 1938,
porque aquel techo inmenso me parecía que
servía para atrapar y amplificar la luz del sol,
y había hileras de luces eléctricas
distribuidas por la ciudad, aunque ninguna
de aquellas diminutas bombillas funcionaba
en el modelo. Había un bosque de inmensos
molinos sobre el techo —aunque las aspas ya
no giraban—— y aparecían aquí y allá
grandes plataformas sobre las que flotaban
versiones de juguete de máquinas voladoras.
Aquellas máquinas tenían un aspecto
parecido a grandes libélulas, con grandes
velas flotando sobre ellas, y góndolas con
hileras de gentecillas sentadas bajo ellas.
Sí, ¡gente!, mujeres y hombres, no muy
distintos a mí. Porque esa ciudad
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